Being a Mom

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"Being a mom" by Tami Urcia (CatholicMom.com)

Image credit: Pixabay.com (2016), CC0 Public Domain

Este artículo también está disponible en español.

Why is being a mom so dad-blame hard? How come no one ever warned us that it would drive us bonkers? The constant disciplining, redirecting, entertaining, washing, wiping, diapering, dressing, undressing, bathing, potty training, educating and instilling faith. Did I miss anything? Oh I’m sure I did, just about 100 other things.

My life right now has somewhat settled into a semi-routine. I get up around 6:00, get my oldest son to school by 7:30 and myself to work by 8:00, come home to eat dinner that hubby has graciously prepared, watch the kids for a half-hour while he takes a break, and then head up to put them to bed. If I’m lucky, they all fall asleep right away, but more often than not, I have to go into the toddler’s room several times trying to get him to expend the last drops of his seemingly endless energy. This of course nixes most of hubby’s and my couple time, since by the time he finally enters dreamland we are spent ourselves.

But that all-too-familiar restlessness overtakes me sometimes. If I’m working I want to be a stay-at-home mom, and if I’m at home I want to work. If I’m inside I want to be outside and if I’m outside I want to be inside. I’m busy and bored at the same time. I long for something new, something different, something outside the box, outside of the mundane. Yet I have no idea what this something is. I want to be free as a bird, free as the wind, to wander and explore.

I have been at my job almost two years now and the newness has worn off. I see how the days go by so quickly, yet still seem to drag sometimes. I’m uneasy that I am overweight and not losing as quickly as I hoped. I see how, no matter how hard we try to make ends meet, we always seem to be in a pinch. My thoughts and emotions are as varied as the stars in the sky.

The truth is, it could be any number of things that have me on edge: one, all or a combination of several of the above. Did the moms of generations past never complain? Did they never talk to their peers about the difficulties of childrearing, of the drain and the toll the constant self-giving takes on a woman’s mind and body? Why are the demands of motherhood not talked about right along with the “birds and the bees”? Did they just grin and bear it?

As moms of littles we hear over and over: “Enjoy them while they’re young because the years fly by and they will be grown before you know it!” While this may be true, it doesn’t seem to help us in the here and now. So what does help? Sure, self-care, breaks, changes of scenery, coffee dates with other moms, and if we’re lucky, a weekend getaway, but in the end, the munchkins are always there waiting for our undivided attention once again after the two hours or two days away.

After all is said and done, it seems the only thing that truly helps is a consistent redirection of attitude on our part. Refreshing and renewing our love for our loved ones, crying out again and again to our God for help and strength and perhaps, just perhaps throwing our hands (and hearts) up in the air in an act of surrender: “O Jesus, I surrender myself to you, take care of everything!”

I don’t know what tomorrow will bring, but I do know that through thick and thin God will be right there with me, and that thought just might be enough to get me through the next minute and a half …

En español:

 

¿Por qué es TAN difícil ser mamá? ¿Por qué nadie nos advirtió que nos iba a volver loca? Constantemente tener que disciplinar, redirigir, entretener, lavar, limpiar, cambiar pañal, vestir, desvestir, bañar, ensenar como ir al baño, educar y educar en la fe. ¿Me faltó algo? Seguramente unas 100 cosas más…

En este momento mi vida tiene más o menos una cierta rutina. Me levanto a las 6:00, llevo a mi hijo mayor al colegio a las 7:30 y llego al trabajo antes de las 8:00, vengo a la casa a cenar lo que mi esposo ha preparado, veo a los niños por media hora mientras él toma un descanso, y luego nos subimos a alistarlos para dormir. Si somos afortunados, todos se duermen de inmediato, pero casi siempre tenemos que entrar el cuarto del chiquillo varias veces mientras termine de agotar las últimas gotas de energía que le sobran. Por supuesto esto interrumpe la mayor parte del tiempo que tenemos a solas mi esposo y yo, porque cuando por fin se duerme, estamos tan agotados que nos quedamos dormidos también.

Pero una inquietud e incertidumbre muy familiar a veces me invade. Si estoy trabajando quiero estar en casa, si estoy en casa quiero estar trabajando, si estoy adentro quiero estar afuera, y si estoy afuera quiero estar adentro. Estoy ocupada y aburrida a la vez. Anhelo algo nuevo, algo diferente, algo fuera de lo ordinario y mundano, pero no tengo ni idea de lo que es. Quiero ser tan libre como un pájaro, tan libre como el viento, sin barreras para andar y explorar.

He estado en mi trabajo casi dos años y ya no es cosa nueva. Veo como los días pasen tan rápidamente pero a la vez parecen pasar lentamente.  Me molesta que estoy subida de peso y se me hace muy difícil bajar. Y veo que por tanto que intentemos gastar lo mínimo posible, nunca parece ser suficiente para cubrir los gastos. Mis pensamientos y emociones varían tanto como las estrellas del cielo.

La verdad es que podría ser cualquier cosa que me tiene inquieta, o una combinación de varias cosas. Me pregunto si se quejaban las mamás de las generaciones pasadas. ¿Nunca hablaron con otras mamás sobre las dificultades de criar a los niños, de cuanto cansa y agota físicamente y mentalmente? ¿Se aguantaron a solas no más? ¿Por qué no se habla con los hijos sobre estas cosas al mismo tiempo que se habla de las cosas íntimas entre hombre y mujer?

Como mamás de hijos pequeños escuchamos repetidamente, “¡disfrútalos mientras estén pequeños porque se pasan volando los años y muy pronto serán adultos!” Aunque puede ser muy cierto, este comentario no nos ayuda en el momento presente. ¿Entonces qué es lo que ayuda? Por supuesto cuidar a uno mismo, tomar descansos, cambios de escenario, salir a tomar un café con otra mamá, o si somos tan afortunados, salir por un fin de semana de vez en cuando. Pero al final, los chiquillos todavía siguen allí, esperándonos después de las dos horas o los dos días a que les prestemos toda la atención nuevamente.

Después de todo, parece que lo único que nos podría ayudar es un ajuste constante de actitud. Refrescar y renovar el amor que tenemos para con nuestros seres queridos, suplicándole una y otra vez a nuestro Señor que nos ayude y nos dé la fuerza o quizá, podría ser, alzar las manos (y el corazón) en un acto de entrega completa. “O Jesús, me entrego a Ti, encárgate de TODO!” No sé qué cosa vendrá mañana, pero sí sé que a pesar de todo Dios está conmigo, y este pensamiento capaz sea suficiente para aguantar un minuto y medio más…


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Copyright 2019 Tami Urcia

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About Author

Tami is a Western Michigander who spent early adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her Bachelor’s Degree in Western Kentucky. She loves finding fun ways to keep her four boys occupied and quiet conversation with the hubby. Tami works at Diocesan, does Spanish/English translations and guest blogs. She runs her own blog at Together and Always.

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